En la bruma nacarada del origen
Imaginen. Esto que se cuenta fue en un pasado tan lejano que hoy es parte del aire que respiramos. O en futuro tan remoto que todo lo que la fantasía y el progreso pueden concebir ya fue, quedó superado, y ahora vuelve lo mismo que conocemos. Fue antes y fue después. Fue en un mundo canalla y un tiempo generoso. Fue una historia de calles sombrías y tornados de claridad deslumbrante; de juegos complicadísimos que uno practicaba sin entender las reglas. Fue en un tiempo de pensar tanto que la cabeza sangraba y sentir con tal intensidad que las pasiones se veían como si fueran carteles.
Cuántas cosas se mezclaban: estamos hablando de la impostura, la simulación, el fraude, el cine, el diagrama de pantalla, de mentes que se ocultan y de descargas mentales evidentes; pero también de la sencillez y la sinceridad de algunos seres, del corazón que revienta la caja torácica y muestra al amor sus alvéolos trémulos, y al explotar sacude la casa de al lado justo a la hora en que el vecino se da la ducha sedante del crepúsculo y su hijita silba una melodía tórrida.
Hacía falta una música para ese tiempo. Melodías que hablaran del encanto aún a riesgo de la falta de decoro; del flash y del alba, de la inutilidad del suspiro rencoroso, del valor del susurro y el alarido. Qué difícil. Nadie entiende qué quiere decir todo esto, ¿no? Pero vean: ya en aquel tiempo no lo entendía nadie. La única manera de entenderlo era a través de la música. Hoy parece que tenemos algo de la música necesaria. Tenemos incluso la historia de cómo surgió. Aunque nada de lo que se cuenta es seguro, posiblemente es verdad.
Escuchen: Una vez un grupo de personas de ambos sexos viajaba en el mismo vagón de un tren. Compartían sánguches y tedio, y para no aburrirse, según la costumbre social de aquel entonces, mantenían la conversación más absorbente posible. Los temas eran los de moda. Por ejemplo charlaban sobre la moral. Con los minutos estos viajeros se centraron en el tema del Bien, el Mal y la posibilidad del "Mas o menos". Un cerrajero de ojos ácidos se inclinaba por la moral de lo Indistinto. Una joven escribana dijo que el mal era muy útil, que sin mal no habría héroes ni películas ni novelas; que el diablo era un invento necesario. La dueña de una casa de mascotas dijo que el diablo estaba tan muerto como Dios. Un portero que iba a visitar a su padre dijo: “Sí, señora, pero la muerte de Satanás fue una tragedia para la imaginación humana.” Otro comentó que se había muerto de que tantos hipócritas negaran que existía. Había que resucitarlo. Un monje de la hermandad de los brujos dijo que a él sólo le importaba fundirse con la totalidad del Universo. Una inspectora de plazas dijo que para expresar la cantidad de cosas que hay mezcladas en el todo sólo servía la música. Claro, las canciones, puntualizó alguien. ¿Canciones? ¿Y eso? Por suerte, parece que entonces se hizo presente un espíritu que les facilitó un Concepto de la Música y las Canciones. Lo que es mejor que Bueno o Malo es la Baba del Sonido. La Baba del Sonido es mucho más que un simple Mas o menos. La Baba del Sonido es la disolución de las falsas divisiones. Nadie entendió nada.
No obstante todo esto quedó registrado en un Grabivox de los que llevaban por entonces los trenes; aunque sólo quedó registrado hasta acá, porque en ese momento el tren descarriló y nuestros personajes murieron, no sin que antes el espíritu sabio se metiera apresuradamente en el Grabivox, junto con todo lo conversado. Fuera, campo y el silencio posterior a la desgracia. Humeaba el vagón accidentado en una llanura lacustre. Un niño medio bobo que vivía en una aldea cercana se apoderó del Grabivox. A lo largo de su infancia, y luego de toda su vida adulta de conductor de un camión, el supuesto bobo escuchó muchas veces la charla registrada en el Grabivox. No entendía nada. Aturdido, vivió como un nómada en varios países. Al morir en el Sur, le legó el aparato a su nieta, que con el tiempo se hizo radióloga y también llegó a vieja sin entender nada. Pero una mañana en que se dirigía a un hospital de barrio de Љ, allá en una zona sur del Sur del mundo, la radióloga tuvo un infarto y se desplomó en la calle.
De su puño abierto rodó al asfalto el antiguo Grabivox. Unos jóvenes holgazanes y soñadores que fumaban en la calle lo recogieron. Ahora bien, después de cien años de auto encierro en el Grabivox, el espíritu musical estaba harto. Así que apenas le pareció que en esos hijos del barrio de Љ anidaba la Chispop de la música, decidió manifestarse y darles el Concepto.
El espíritu dijo - El músico de mañana será una mezcla de juglar, técnico, compositor, director de cine y de teatro, productor, actor, gigante y maniquí, dandy, príncipe y bufón, yin y yang, escuerzo y mariposa.- Y dijo otras cosas más de carácter técnico - La música aniquila el Otro Mundo con el soplo de las cositas de Este Mundo. Actúen para mi – les dijo - Toquen!-
Y los chicos tocaron. Después, con el tiempo, hicieron todo lo que se les ocurría cuando escuchaban el contenido del Grabivox del tren, y también hicieron todo lo contrario. A veces Bien, a veces Mal, pocas veces Mas o menos, habitualmente Indistinto - ¿Y, espíritu? ¿Qué tal? - preguntaban.
- Fenomenal hijos. Parece que entendieron. De ahora en adelante se llamaran BABASONICOS.-